El problema
no era el ladrillo
Durante años, el diagnóstico parecía claro: el exceso de ladrillo nos hacía menos productivos, distanciándonos de los principales socios europeos. Sin embargo, los datos más recientes de Contabilidad Nacional cuestionan esta idea. Para entenderlo, conviene mirar brevemente hacia atrás. Entre 1964 y 1980, la economía española se encontraba en plena fase de desarrollo, mientras el país transitaba de la dictadura a la democracia. Durante este ciclo, el esfuerzo inversor -la ratio de inversión sobre PIB- fue elevado y se situó en torno al 25,5% del PIB. La construcción de vivienda y, en menor medida, de infraestructuras representaban conjuntamente cerca del 60% del total. En relación con su composición -construcción, maquinaria y conocimiento- la inversión en maquinaria y en conocimiento suponían el 34% y el 8% del esfuerzo, respectivamente. Crecer era construir.